ESTACIÓN DE SERVICIOS TURISTICOS PUNTA ARENAS

Punta Arenas_Venezuela_2015

Organizadores Gran Misión Saber y Trabajo, Consejo Federal de Gobierno y Comisión Presidencial del Movimiento por la Paz y la Vida

Director de Proyecto Arq. Marcos coronel

Coordinador de Proyecto Arq. Andrea Stanko

Colectivos de Arquitectos Nacionales

Independiente Arq. Andrea Stanko y Arq. Diego Gil

Colectivo Pico Dig. Stevenson Piña y Priscila Yepez

 

Colectivos de Arquitectos Internacionales

Ruta4 taller de arquitectura / Colombia Arq. Jorge Noreña y Luisa María Marín

 

Fotografía

Veo productores Rafael Barragán

I

De las historias del pacifico pasamos a las del atlántico, de un costado al otro del continente, llegamos a Punta Arenas Venezuela, un lugar creado con otra gama cromática,  con naranjas más fuertes y azules más irreverentes, algunos dirían verdes; la arquitectura siempre ha estado ligada al tiempo y al espacio, llegar a Venezuela fue como un viaje entre épocas, que iniciaría un poco después del cruce en la frontera, sé que es frontera por el único detalle de la fina línea de militares, porque los pueblos y la tierra lucían igual,  avanzamos entre basares y contrastes cada vez más marcados, entre casinos cerrados y letreros de revolución, pasamanos unos “pocos” retenes hasta llegar a Caracas que nos recibiría entre colosales construcciones Bielorrusas y chinas, no pudimos evitar pensar que paseábamos en los 90`s. pasamos tres días en la ciudad de los 100 ministerios antes de llegar a Punta arenas; hogar del hoyo en el océano más profundo del mundo, las historias cuentan que se han hundido votes que aún continúan cayendo, arenas doradas y rojas, 40.000 años de historia contada por los más místicos yacimientos arqueológicos, tradición de pescadores, y un cielo tan absurdamente naranja que se funde con el mar en un único y orgiástico espectáculo. El mundo es un crisol de culturas, y una experiencia de contrastes, encontrar la esencia de la arquitectura en la diversidad y en los cientos de capas de piel del territorio; ese es el origen de nuestra ruta.

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II

Presta atención… por favor, presta atención, decían los pescadores: si te concentras y miras hacia el mar en un día de marea baja y viento calmo, quizás ese día veas a la tintorera, al principio la confundirás con una isla, es tan grande que podría devorar de un solo bocado un bote de pesca; Javier Guedez o el “Cuentonauta” como se hace llamar, recogió historias y mitos de niños y ancestros, para crear los primeros libros de la estación de servicios turísticos de punta arenas, un escenario en donde todos tienen lugar, incluso una descomunal ballena capaz de llevar a un pueblo sobre su espalda; en un lugar en el que el patrimonio material e inmaterial se desmorona y la memoria se desfragmenta; en la tierra del poeta del martirio Cruz Salmerón Acosta, en el paraíso escondido, en el bien nombrado vecino olvidado de islas margaritas; construimos la estación, como recuerdo de antiguas rutas, en un cruce de caminos, entre los castillos empolvados de Manicuare y las salinas de Araya; de los crustáceos fosilizados a las capas de tierra parlantes del la reserva arqueológica; y frente al salado mar que alguna vez consoló al poeta:

 

Azul que del azul cielo emana,

y azul de este gran mar que me consuela,

mientras diviso en él la ilusión vana

de la visión del ala de una vela.

III

Con ella nos encontramos y en sus caminos nos olvidamos, algunos dicen que la vida frente al mar trascurre mas lento y otros que simplemente nos detiene, nos extravía en la inmensidad de su vaivén como naufragios encallados; el agua llegaba por dos horas al día, la temperatura del sol se graduaba en 36º, estando bajo, estando fresco decían, y el material llegaba en botes pesqueros de 80 centímetros de anchura, provenientes de las “abastecidas” arcas del gobierno venezolano, ¿y en la escases? la solución la dio la tierra, arenas de rojo sangre que servían como tinta para dibujar,  madera traída por el mar y rocas por montones, como testimonio de la técnica local. A ritmos llameros y entre recitales de cuatro, con personas problemáticas que se convirtieron en soluciones, entre escases de tiempo y material, con comunidad pero sin unidad aprendimos de enseñar, nos unimos al hablar y al escuchar, entendimos que la arquitectura no es lo importante sino la vida que la habita, y como diría seguramente con mayor elocuencia que yo “el chavo” miembro de la comunidad: eso pasa cuando la obra se convierte en escuela, eso pasa cuando se encuentra un propósito común y uno personal en el mismo espacio.     

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