FÁBRICA DE LÚDICAS COLECTIVAS

Pereira_Colombia_2018

Diseño y construcción Ruta4 Arquitectura (Daniel Buitrago, Jorge Noreña, Juliana López, Julián Vásquez)

Año 2018

Presupuesto

Tiempo de construcción 

Método de construcción 

Herramientas

Fotografía y video Ruta4 Arquitectura

Caminamos sobre nieve siguiendo un rastro que nos lleva en círculos tras nuestras propias huellas.

En el hábitat están representadas nuestras preguntas, crisis, y dualidades, las calles del barrio y los rincones sin nombre son espejos turbios y fragmentados que nos proyectan como un inacabado mosaico reflectante de pieles y memorias, no podemos criticar nuestro hábitat sin juzgarnos a nosotros mismos, ni mirar hacia la calle sin reflejarnos, quizás por eso al asomarnos en cada ventana nos encontramos proyectados en el cristal como una prueba inalterable de que nuestra existencia se manifiesta más allá de los límites de nuestro cuerpo, la ciudad es ese rastro que dejamos y que perseguimos simultáneamente, no existe ciudad sin sociedad de la misma manera en que no existe humanidad sin crueldad, Tarkovsky decía que lo terrible está encerrado en lo bello y o bello en lo terrible y esta es una contradicción que no es ajena a la ciudad latinoamericana: la formal e informal, la digna e ilegítima, la que se visite de mecenas durante el día y de bailarina de cancán durante las noches.

 Dos fuerzas imperturbables que avanzan enfrentadas, ambas persiguiéndose y ambas escapando, se repelen y al mismo tiempo fluyen la una en la otra como parte de una paradoja eternamente sincronizada, estas ciudades dentro de ciudades representan el drama de presa acorralada o fortaleza asediada, solo que en esta ocasión ambos son presa y ambos son cazador, en un equilibrio de contradicciones que se alimenta de la incapacidad de un sistema de planificación que no busca verdades sino la confirmación de sus propias perspectivas.

Llegué a una esquina sin nombre, o más bien a una esquina con muchos nombres: la manga, el parche, la placita, el parque, la escombrera, el laboratorio y los que parecían estar más seguros le decían el intersticio. Mientras trataba de comprender para mi qué era, se me acercó una mujer con una sonrisa dibujada sosteniendo un pocillo aún humeante de café y un cigarrillo en su último aliento. Durante un par de minutos me contó lo que para ella significaba este lugar, habló de lo común, habló de niños y de barrio y se despidió diciendo: entre todas nosotras construiremos el parque refiriéndose a ella, a mí, a su esposo y un grupo de hombres y mujeres que conocería durante la siguiente semana, era la primera vez que alguien se refería a mi usando el término nosotras y sin embargo tuvo todo el sentido del mundo.

Más tarde este día, parado en el mismo lugar en el que me encontré a la señora sonriente, vi como un hombre con la cabeza lisa y brillante se acercaba hacia mí tambaleándose y murmurando algo entre dientes, cuando lo tuve enfrente comprendí que trataba de decirme que cuidado pisaba un árbol de aguacates que él había sembrado. Luego me contó la historia del naranjo, del mango, de la palma y por segunda vez la del aguacate. Me dijo que para él este lugar era un jardín y que no toleraba a la gente intolerante y se despidió señalando hacia arriba. Tardé unos minutos en ver que señalaba una cámara pintada en la pared de una de las casas, luego alejándose me susurró: cuidado mi socio que no están vigilando, me quedé pensando sobre la cámara, sobre el jardín y sobre la intolerancia de intolerantes, lo observé nuevamente: ahora bebía una cerveza mientras le contaba a otro la historia de los árboles y en ese momento para mi tuvo todo el sentido del mundo.

Iniciamos la construcción del parque moviendo algunos árboles, teniendo cuidado de no ir a pisar el aguacate. Creo que lucíamos como jardineros en ese momento porque un anciano con una corona de cabello blanco pasó agradeciéndonos por salvar el planeta, diciendo que Dios nos bendecía y nos observaba, luego señaló hacia el cielo para mostrarlo, pero creo que tardé demasiado en elevar la mirada porque no lo encontré.

Pasé la tarde trabajando y sintiéndome observado y juzgado  por el hombre de las nubes y la cámara en la pared, mirando sobre los hombros esperando descubrir algo. Al final del día vi que la cámara nunca se movió de su sitio y no logré ver al hombre del cielo ni una sola vez. Luego comprendí  que al igual que el hombre del caminar zigzagueante viajaba siempre acompañado de la cámara, el anciano de la corona blanca llevaba a Dios consigo a todo lugar al que iba, descubrí que no me observaba a mí, pero lo observaba a él y tuvo todo el sentido del mundo.

Finalizando la semana ya teníamos armado un juego para canicas, lo miraba sintiéndome cansado y orgulloso cuando llegó un niño y me preguntó: ¿para qué es esa tripa? Miré al niño y viendo que su lógica era indiscutible respondí: es una tripa para jugar canicas. Hubiese querido seguir hablando de la tripa, pero para el niño ya era un tema superado y cambió inmediatamente de tema, me contó sobre Camilo, nunca supe quién era Camilo, pero al parecer era un niño muy bizco y por eso le había pelado más de 200 canicas, terminó de contar la historia dio la vuelta y se fue diciendo: tengo que pensar cómo voy a pelar canicas aquí. Lo observé un rato después de que se fue: cayéndose, corriendo, jugando, gritando y cambiando, a diferencia del hombre de la cámara, el niño no estaba en el mismo lugar ni hablaba de lo mismo por mucho tiempo y la tripa tuvo todo el sentido del mundo.

Cuando terminamos estaba la mujer sonriente, estaba el hombre con la cámara, estaba el anciano con Dios, estaba el niño con las canicas en la tripa, estaban unos jóvenes flacos de gorra plana moviéndose en triangulo alrededor de un árbol y unas personas de acentos extraños y “rr” entonadas haciendo fila para comer de una olla de tamaño de un barril, estaban todos y todas en el mismo lugar y sin embargo a pesar de sus equipajes, de sus invitados y de sus miradas, no se veían estrechos en el aquel lugar sin nombre, en la necesidad de definirse y definir estaban construyendo la definición de lo común, en lo indefinido, lo indeterminado y lo etéreo.

Hemos vivido de la caza, de la recolección, de la agricultura y de la industria, inventamos la fé ciega y el método científico, somos polígamos y monógamos, creemos el poder del pueblo y en el de los dioses, e el dinero y en el universo, comemos vacas y las adoramos, criamos perros para que nos acompañen, nos  trasporten, nos alimenten, nos guíen, ,os delaten y nos rescaten, bailamos por instinto y por obligación, vivimos sobre el cielo, sobre el cielo, sobre el suelo, sobre el agua y suspendidos, talamos bosques y los sembramos, nos morimos de hambre y de obesidad, tenemos montañas para adorarlas, explorarlas, explotarlas y aplanarlas, vivimos en grandes metrópolis y en pequeñas aldeas, construimos nuestras casas con basura y con piedras preciosas, destruimos y construimos artefactos para refrescarnos y calentarnos, somos matriarcales y patriarcales, creemos en las guerras por la paz y en las invasiones por la libertad, defendemos los derechos a vivir y a morir, somos poetas y empresarios, científicas y ninfómanas, somos tanto y tan diferentes en un mundo tan basto y sin embargo tenemos tantas certezas y tan pocas dudas, tana información y tan poca conciencia, tanto espacio inhabitado y tantos hábitat sin espacios, tan mal el mundo y tan bien nosotros; nuestro rastro sin sombra, sin nombre ni reflejo.

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